domingo, 3 de enero de 2010

Una noche de Reyes

Una noche de Reyes

La oscuridad de la noche, sólo rota por los reflejos de neón y el resplandor de los escaparates adornados con motivos navideños, creaba un falso ambiente de alegría que lo inundaba todo.
El ruido infernal producido por los incesante cláxones de los coches atrapados en un monumental atasco, castigaban implacablemente sus oídos hasta producirle un agudo dolor. Aquella mañana había amanecido con un fuerte dolor de cabeza, presagio de las migrañas que padecía con frecuencia desde tiempo atrás.

La noche era gélida…El intenso frío penetraba a través de sus huesos. Había olvidado cuando comenzó a caminar ensimismado en sus pensamientos hasta perder la noción del tiempo.

Cada vez se le hacía más difícil avanzar entre la multitud, era como andar contra corriente entre la marea humana; el griterío era ensordecedor, a su alrededor numerosas familias realizaban sus últimas compras de Reyes, algunos padres llevaban a sus hijos para dar la bienvenida a los Reyes Magos y para asegurarse de que ellos habrían recibido sus cartas.
Después de grandes esfuerzos consiguió llegar a su destino. Al abrir la puerta le recibió una agradable ola de calor que tuvo la virtud de aliviar el frió de su castigado cuerpo durante las últimas horas.

Subió hasta la planta 8 del edificio que albergaba uno de los más grandes centros comerciales de la ciudad, se detuvo ante una puerta donde una placa de metal anunciaba PRIVADO, franqueando dicha puerta se dirigió hacia el vestuario del personal, ésta se componía de una amplia y limpia sala dividida por pequeñas cabinas individuales, algo parecida a los camerinos de los teatros.

Depositó un pequeño maletín sobre la mesita de su "camerino" y se dispuso a cambiar su indumentaria de ciudadano anónimo por la de Rey Baltasar, comenzó con el maquillaje de la cara que, poco a poco, fue tomando la apariencia de “Negro”, en una ocasión no recordaba dónde había leído que ninguno de los reyes magos era de color, pero bueno, eso no importaba ahora, sólo era un trabajo como otro cualquiera y no venía al caso “buscar tres pies al gato”.

Una vez concluido el maquillaje, se dispuso a vestir su enjuto cuerpo con la vestimenta adecuada compuesta de amplios pantalones bombachos de color verde, camisola blanca y casaca dorada, amén de unas puntiagudas botas de terciopelo rojo, con las que calzó sus doloridos y cansados pies. Rematando su transformación con una llamativa corona para adornar su doliente cabeza.

El ascensor le bajó hasta la planta de calle en cuya puerta le esperaba un destartalado sillón de madera, que bien le habría servido para hacer con él una hoguera y calentar así su maltrecho y aterido cuerpo. Sentado en semejante “trono” se preparó para pasar las próximas cuatro horas por las que le habrían de dar la suma de veinte euros que le servirían para poder comer un par de días más.
Aquel pensamiento le dio ánimos para seguir haciendo frente a la tortura que significaba la subsistencia diaria de un “sintecho” y tal vez mañana alguien le contrataría como payaso para amenizar la fiesta de un afortunado niño rico, durante la cual él tendría que doblegar su ánimo para enjugar el llanto de su alma mientras su maquillada faz tal vez de Payaso reiría y reiría para alegrar la vida de los demás.

A la mañana siguiente la portada de un prestigioso diario daba la triste noticia…:
“Hallado un vagabundo (disfrazado de Rey Mago) muerto en la puerta de unos grandes almacenes…Los primeros informes médicos del SAMUR indican que su muerte fue provocada por las bajas temperaturas que anoche azotaron Madrid”…

©Roberto Santamaría