sábado, 24 de septiembre de 2011

Ansias de volar...


Ansias de volar...

Desde lo alto de aquel desfiladero, se divisaba un hermoso paisaje, un profundo y verde valle horadado por el cauce serpenteado de un río, que le invitaba a bajar hasta él y apagar la terrible sed que sentía desde hacía varias horas; pero no podía dejarse ganar por los deseos, conocía sus limitaciones…

Hasta su agudizado olfato, llegaba el penetrante aroma de las vistosas flores silvestres que se entremezclaban con el agradable olor que desprendía el matorral compuesto por la jara, el brezo y la retama.

Aquel paisaje estaba a la vez, salpicado por las flores del cardo, amapolas, dientes de león y la pequeña flor del trébol, conformando todo ello un precioso tapiz policromado.

Un sol radiante, bañaba con sus dorados rayos, gran parte del valle; su casa estaba situada en lo más alto del farallón que dominaba todo el desfiladero desde donde se divisaba el más bello paisaje del país.

Muy pronto sus padres volverían al hogar y podría calmar la sed y el hambre que le estaba torturando.

No pudiendo hacer otra cosa más que esperar, el hastío pudo con él hasta quedar dormido... Y sumido en aquel profundo sueño, comenzó a soñar…

Su cuerpo se había transformado, de pronto era mucho más grande y más fuerte, y de sus omóplatos habían surgido dos vigorosas alas que le impulsaban a volar. Entonces comenzó a saltar sobre la roca sobre la que estaba situada su morada. Sus grandes alas comenzaron a agitarse, haciendo que sus saltos cada vez fueran más y más altos hasta que su impulso le permitió remontar el vuelo dejándose deslizar entre las blancas nubes.

De ese modo fue recorriendo todo el valle, compitiendo con su vuelo con el de los halcones y demás aves rapaces que habitaban en aquel lugar.

De pronto su ensueño fue interrumpido por unos agudos graznidos, aquel ruido le era muy familiar. Y eran emitidos por una pareja de halcones, que con un rápido y fuerte batir de sus alas levantaron un remolino de polvo, mientras soltaban agudos reclamos de sus curvados picos.

¡Por fin! acabó su tortura, ahora podría comer y beber todo lo que deseara… sus padres habían vuelto al nido…

© Roberto Santamaría